INTRODUCCION

Los artículos de opinión, los ensayos, los análisis periodísticos que los lectores pueden encontrar en los diferentes blogs sólo tienen un propósito el aportar a la reflexión y la educación sobre asuntos trascendentes del pasado, presente y futuro de la civilización humana. Están motivados e inspirados en última instancia por una visión comprometida, que no da meras opiniones sino que expresa convicciones y certezas, que tienen como soporte los valores perennes que yacen en las enseñanzas de las grandes religiones mundiales y en las enseñanzas de los santos y sabios de la historia. El mundo en su totalidad y las naciones y sociedades que lo integran se enfrentan a una coyuntura histórica de enorme gravedad, cargada de dilemas morales, sociales y políticos sin igual. Tenemos poca conciencia de la inmensa peligrosidad que la situación mundial encierra, así como de su impacto – para bien o para mal – en los siglos venideros. Al igual que quién debe desarmar una “bomba”, debemos saber exactamente cuál es la “ruta” que nos conduce al “corazón” del dispositivo, y cuál es el “cable” que debemos cortar para detener el mecanismo que irremediablemente conduce a la explosión. En una época histórica como la que vivimos, las frustraciones y las esperanzas se entrecruzan. Como se entrecruzan también, los peligros de una confrontación global de enormes proporciones, con las posibilidades de pasar a un nivel civilizatorio superior, estableciendo una auténtica comunidad global de naciones basada en la unidad de civilizaciones y religiones. Como un profeta, el historiador británico Arnold Toynbee escribía en su “La Historia” (compendio de su “Estudio de la Historia” publicado entre 1934-1961) sobre las posibilidades de tal comunidad global que: “…el mismo acto de crear una unión política a escala ecuménica confirmará la verdad moral de que la vida sólo es viable en la medida que se abarca como un todo… En este sentido un futuro Estado Universal…lejos de estar predestinado a convertirse en un monumento laico a una civilización a punto de desintegrarse, puede contener, desde el principio, las semillas de un movimiento espiritual que ya se ha revelado en las religiones superiores…” A la vez advertía: “Hoy no podemos permitirnos el lujo de esperar aprender esta lección por repetición de la experiencia, de primera mano, de nuestros predecesores. Pues de hacerlo así, las elecciones que se nos plantearán se reducirán a la alternativa entre una tiranía mundial o el término de la vida misma.. Si nos cruzamos de brazos, nos encontraremos arrollados por los acontecimientos, más allá de nuestros control” Estamos, pues, en un tiempo transición entre una Era que culmina y una Nueva Era que recién despunta. Para los creyentes, la esperanza es cierta: Dios y los seres humanos pueden cambiar la historia de dolor y mal y reconstruir la sociedad sobre verdaderos fundamentos espirituales y morales. Piensan que la voluntad divina debe ser complementada por el cumplimiento de la responsabilidad humana, dejando de lado el determinismo o el fatalismo. Es un tiempo que comparando con la historia bíblica, dejamos “Egipto y nos dirigimos hacia la “Tierra Prometida”. Pero de no reaccionar, el desorden moral y social actual, sólo puede conducirnos hacia un mundo regido por la anarquía o por la “política de los guerreros” en un regreso al “mundo de la antigüedad”. Con una identidad que no deja de lado el realismo, es bueno que no olvidemos una verdad sencilla: el futuro lo estamos construyendo hoy, y él se alumbra en las luces o en las tinieblas de nuestros corazones. Todo lo demás viene por añadidura. Eso es en lo que creemos y por eso escribimos. Lugares donde el lector puede encontrar centenares de artículos de opinión y análisis de situación:
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